Tuneando, que es gerundio

Me hallo estos días en este paraíso del cani patrio que es El Puerto de Santa María, Cái, lugar donde crecí, aunque haya nacido en Sevilla y haya rulado un tanto cual Willy Fog del Filpo Rojas. Y compruebo a cada momento que la juventud cani portuense anda en plena forma. No sólo han adaptado la estética Tony Manero -sin que ellos sepan quién era Tony Manero; en esto me juego el cuello, nunca mejor dicho- para salir “elegante” por las noches, sino que siguen tuneando sus bugas que no veah que guapoh, abe illo. Esta tarde he ido a tirarme un rato por las arenas de la playa de La Puntilla, y el paseo del río hasta llegar allá era un hervidero de cochazos tuneaos con su pastilleo a toda mecha. Un gustazo, sin duda.

Pero lo que más me ha fascinado es la Jog tuneada que vi anoche de camino a un bar donde iba a cenar con unos amigos. La motillo tenía un bafle bastante poderoso en la parte interior del asiento, tal como lo leen. Claro está, por la ley de la lógica, si el bafle apunta hacia el interior, uséase lo que se dice el hueco para el casco, pues no se escucha flama… Así que nuestro cani protagonista iba sentado sobre el hueco citado, con el asiento levantado y el altavoz atronando a la altura de su pecho. Y por supuesto llevaba el casco por encima de las orejas, que está feo eso de gastar watios sin sentido.

Yo de mayor quiero ser cani.