Setas

Álvaro me da poco a poco. Con Martinis. Con mojitos. Con de todo. Jiji, jaja… Nos tenemos que ir, vale, venga. Hasta mañana…

Y el Viaducto con pegatinas de politicos en satira; Larra se ha reido cuando me he quedado mirando. No sé de qué: él está muerto, y yo no; el verde es muy verde, seguro que hay un pantone para este color, desde luego no es normal, es puto neon; unos patos… Qué coño hacen unos patos enfrente del palacio, en el cesped lleno de rocío, que estará helado (¿dónde van los patos cuando los lagos se hielan?), y encima se pelean. Decididamente los patos son los animales más gilipollas del planeta, aparte de los delfines, que además, son los más gayars; una furgoneta del SAMUR sin ocupantes: están sentados en el cesped, fumando porros, con sus chalecos fosforescentes. Será para que les vean bien o algo; el palacio a mi izquierda, enorme, y un coche de civiles, uno solo, ¿lo custodia?, Dios, ¿se están haciendo pajas?; Doña Sancha de Aragón y Don Fernando I de Castilla conversan eternamente en sus pedestales. Son enormes. Las tetas de una mujer de ese tamaño deben ser excepcionales. Pero entonces las tías no se depilaban. Ni siquiera existía Francia con sus jabones y sus bideles. Y los tíos eran feos de cojones. ¿Por qué coño lleva éste pavo un orbe bajo el brazo? Qué mierda de alegorías…; el verde es increíblemente verde. Abraham sabría el puto pantone seguro; los tulipanes forman una hilera amarilla perfecta. Se están fundiendo. Son mantequilla. Creo que el tulipán no es propio de este clima, ¿no? Mejor en Holanda, con sus vacas, sus mozas rubias de tetas lechosas, y sus mantequillas que sí saben a algo; dos franceses me siguen. Ni les entiendo. Y de repente todo huele a chocolate y creperí… Son gayars, fijo; llevo el pelo erizado, como cuando pones las manos en la bola esa que seguro que Punset tiene en su mesilla, con rayitos morados; la rejillas del suelo forman paralelas si me muevo más deprisa; joder, y ahora el Senado. ¿Pero para qué coño habrá un puto Senado?…; en la Plaza de Espaya están Rocinante y Rufio con dos hijosssdeputa subidos. Los hicieron de algo negro, muy negro… Muy negro…; ando impulsado, y no sé cómo, porque mis piernas están como los tulipanes esos de los cojones, derretidas, como las portadas de King Crimson; de la Heineken creo que está saliendo la secretaria de mi autoescuela. Qué buena estaba. Pero qué gilipollas. Y qué pastillera. Las malas compañias, claro…; no me atropellan los taxis porque están en verde y tienen prisa; y la bandera del país de la Escuela de Guerra de repente me tapa toda la luz del Universo. Me cae encima Espaya entera… Pero a la izquierda veo esa señal de tráfico, mi señal preferida, que no regula nada, con la sombra pintada para siempre con spray negro en el muro del Palacio de Liria. Y así ya no me asusto; los árboles han soltado su esperma esta noche, con el viento y la lluvia, y forma en la acera como una alfombrilla de baño de motel barato. En realidad parecen tripis enormes… ¿Hum?… No, no me los como. No voy tan pedo. Ni soy un puto punki; mis llaves. Mi cerradura. Esto es como la primera vez. Y al final entra. Siempre termina entrando; en el ascensor me recibe un tipo con cara de trainspotter, sin iris, todo pupilas. Sonríe. Parece majete, incluso yendo pedo. Si no fuese por esas ojeras de yonki…; mi casa. Mi terraza. Aire fresco. Mi jardinera. Pensaba ir al baño, pero para qué… Y meo lo que he bebido toda la noche sobre las plantas “no procedentes” que crecen sin permiso. (No, otra vez no… ¡no tengo polla!); con las últimas gotas (que caen como lagrimones en la arena) me quedo mirando la panda de subnormales pijos que menudean rociando pota en mi calle, como el manto de flores de su Virgen (yo siempre he creído que era una jóven adultera, pero esa es una teoría demasiado seria y extensa para este momento); … creo que ya me baja… Jodidas setas, Álvaro tenía razón al final…; un porrito de estos del Perla (qué ricura, la Virgen)…; y, como dicen en Euskadi, egun-off.

PD. Pablo, ¿y tú dices que no te suben? Oh-My-God.