La mirada tocona
Tengo una manía que ya no sé si es compulsiva o de naturaleza puramente curiosa: siempre miro hacia atrás.
Pase quien pasee, quiero mirarlo más allá del tiempo concedido desde el avistamiento hasta superar la altura de mi hombro. Espero unos segundos… Y giro medio cuerpo sin detenerme. Siempre hacia la izquierda. Y me fijo en todo. Y ojalá pudiera congelar la calle, dar un grito seco, “¡paralo!”, y estudiar cada detalle. A veces incluso sí que dejo de andar y les miro con descaro… No hay una razón especial para todo esto, no hay pulsiones sexuales, de sorpresa, de rechazo… Es pura estética…
Ellos en cambio nunca se giran.
Dos o tres veces me he encontrado con alguien como yo. Y en el momento en que las miradas se reencuentran, no ya de frente, si no de medio lado, es como un golpe de sudor frío dentro del cerebro. Como un puñetazo de espacio-tiempo en el centro preciso de la cara. Y por supuesto, un giro vertiginoso a la posición normal, hacia delante, para caminar el doble de rápido, azorado.
En uno de estos paseos observadores, en uno de esos cruces indiscretos, una chica descaradamente se quedó mirando fijamente mi pecho. No era la primera vez, como no lo es la de nadie, pero fue diferente… Sentí que esa mirada me estaba tocando, físicamente: sentí una presión pringosa y sedienta en el pecho. Y me sentí agobiado, en cierta forma profanado o desnudado, como si la mirada de la chica -no propiamente ella- me hubiera despojado de una cantidad cuantificable de derechos constitucionales. La sensación de abuso se me pasó enseguida, no creo ni que fuese tal, pero aún retengo las ideas que surgieron de esa mirada tocona: es eso lo que deben sentir las chicas cuando al hablarles muy de cerca notan que, por más que te esfuerces -y entendedlo de una vez, queridas- no puedes evitar echar vistazos soslayados al busto invitador… Y ellas se cruzan de brazos, aumentan los gestos con las manos para distraer, se holgan el escote, con disimulo comprueban el estado eréctil de sus pezones -”no vaya a ser… ¿será eso?”-, y en general se apuran por zanjar la conversación.
Debe ser por una sensación parecida a la mía por lo que se molestan tanto.
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